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Señor, Tú eres mi Dios,
yo te busco ardientemente,
mi alma tiene sed de ti,
por ti suspira mi carne
como tierra sedienta,
reseca y sin agua.
Sí, yo te contemplé en el Santuario
para ver tu poder y tu gloria.
Porque tu amor vale más que la vida,
mis labios te alabarán.
Así te bendeciré mientras viva
y alzaré mis manos en tu Nombre.
Mi alma quedará saciada
como con un manjar delicioso,
y mi boca te alabará
con júbilo en los labios.
(*)
Mientras me acuerdo de ti en mi lecho
y en las horas de la noche medito en ti,
veo que has sido mi ayuda
y soy feliz a la sombra de tus alas. |
(*)
Dom.XXXII - A.
Sa.VIII-2 |