Audio:
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Oye la
voz de mi plegaria,
cuando clamo hacia ti,
cuando elevo mis manos
hacia tu Santuario.
El Señor es mi fuerza y mi escudo,
mi corazón confía en Él.
Mi corazón se alegra porque recibí su ayuda:
por eso le daré gracias con mi canto.
El Señor es la fuerza de su pueblo,
el baluarte de salvación para su Ungido.
Salva a tu pueblo y bendice a tu herencia;
apaciéntalos y sé su guía para siempre. |
Lu. XXIV-1 |