Audio:
 |
Mi corazón no se ha ensoberbecido, Señor,
ni mis ojos se han vuelto altaneros.
No he pretendido grandes cosas
ni he tenido aspiraciones desmedidas.
No, yo aplaco y modero mis deseos:
como un niño tranquilo
en brazos de su madre,
así está mi alma dentro de mí..
Espere Israel en el Señor,
desde ahora y para siempre. |
Do.XXXI-A
Ma.XXXI-1
Lu.XXXI-2 |